El nuevo método científico

La ciencia ha descartado ideas que hoy son Premios Nobel. Este documento explica por qué el conocimiento necesita un método más amplio, sin abandonar el rigor.

BASES DEL BUENAONDISMO

Leopoldo Iván Villalpando Cruz

2/20/20264 min leer

La ciencia es el instrumento más preciso que la humanidad ha producido para trazar mapas de la realidad. Pero el mapa, por exhaustivo que sea, no es el territorio. Este documento parte de esa distinción para proponer algo que la historia de la ciencia ya ha demostrado ser necesario: la disposición a investigar lo que aún no cabe en los marcos disponibles.

¿De qué trata el documento?

El texto que aquí se presenta es una justificación epistemológica formal: un argumento riguroso, con referencias a filosofía de la ciencia, historia y casos documentados, que explica por qué el método científico tradicional —siendo indispensable— no es suficiente para abordar la totalidad de la experiencia humana.

No se trata de una propuesta en contra de la ciencia. Es exactamente lo contrario: se trata de tomarse en serio la lección que la propia historia de la ciencia enseña una y otra vez. Los paradigmas tienen bordes. En esos bordes es donde ocurren los descubrimientos más importantes.

"La tectónica de placas fue una herejía. Los priones fueron una herejía. El entrelazamiento cuántico fue una incomodidad que Einstein esperaba eliminar. En todos los casos, la anomalía precedió al paradigma."

El argumento central: la historia como evidencia

El documento dedica su sección más extensa a trazar un patrón verificable en la historia del conocimiento científico: las ideas que hoy constituyen el canon fueron, en su momento, descartadas, ridiculizadas o ignoradas por el paradigma de su época. No como excepciones anecdóticas, sino como un patrón sistemático y repetido en todas las disciplinas.

Los nueve casos documentados, cada uno con su referencia verificable, son los siguientes. En geología, la tectónica de placas, rechazada en 1912 por Wegener y hoy fundamento de toda la geología moderna. En medicina, el Helicobacter pylori, cuya causa bacteriana de la úlcera fue tan resistida que Marshall bebió la bacteria para demostrarla; Nobel 2005, veinte años después. En física, el entrelazamiento cuántico, que Einstein llamó "acción fantasmal a distancia" y que fue confirmado por Alain Aspect; Nobel de Física 2022. En biología, los priones, proteínas sin ADN que infectan, propuestos por Prusiner entre ataques a su credibilidad; Nobel 1997. En neurociencia, la neuroplasticidad, que contradijo el dogma de que el cerebro adulto no se regenera y hoy es el fundamento de la rehabilitación neurológica. En biología celular, la autofagia y el ayuno, cuyo mecanismo molecular fue reconocido con el Nobel 2016 para Ohsumi. En medicina tradicional, la artemisinina, usada en la medicina china desde el siglo IV y Nobel de Medicina 2015 para Tu Youyou: el saber precede al mecanismo por quince siglos. En geología y física, las meteoritas, sobre las que el propio Lavoisier firmó que las piedras no podían caer del cielo mientras los campesinos documentaban lo contrario. Y en microbiología, la microbiota intestinal, que pasó de ser considerada un huésped pasivo a ser reconocida como un ecosistema que regula el sistema inmune, el metabolismo y la salud mental.

Cada uno de estos casos está respaldado por referencias a publicaciones originales y fuentes verificables. No se cita el pasado para romantizarlo, sino para extraer de él una conclusión epistemológica concreta: descartar prematuramente lo que no se tiene instrumento para medir es, en sí mismo, un error metodológico.

El dogmatismo como problema, no como solución

El documento hace una distinción conceptual que resulta central: la diferencia entre el método científico —un conjunto de procedimientos para generar conocimiento confiable— y el cientificismo, la postura filosófica que afirma que ese método es la única fuente legítima de conocimiento sobre la realidad.

Esa segunda postura no es científica. Es filosófica. Y cuando opera como dogma implícito dentro de la práctica científica, produce consecuencias concretas: excluye preguntas que no pueden formularse en términos operacionalizables, descarta datos que no provienen de diseños experimentales controlados, y confunde la ausencia de evidencia —determinada por los límites actuales del instrumental— con evidencia de ausencia.

"Descartar un fenómeno reportado de manera consistente por millones de personas en culturas distintas, a lo largo de siglos, sin haberlo investigado con los instrumentos disponibles, no es ciencia rigurosa. Es dogma con apariencia de rigor."

¿Qué propone concretamente?

El documento no se queda en la crítica. Articula una propuesta metodológica estructurada en cuatro principios y tres fases operativas. Los principios son la provisionalidad epistemológica, la inclusión provisional basada en consistencia transcultural, la estratificación epistémica sin jerarquía absoluta y la no sustitución del método científico convencional donde este tiene herramientas suficientes. Las tres fases son la observación abierta sistemática, la triangulación interdisciplinaria y la publicación provisional con revisión colectiva.

También dedica una sección completa a las salvaguardas contra la pseudociencia, porque el documento entiende que la apertura epistemológica sin protocolos claros puede derivar exactamente en aquello que busca evitar. La diferencia con la pseudociencia no está en los temas que se investigan; está en la disposición a ser cuestionado y en la capacidad de actualizar las conclusiones cuando la evidencia lo requiere.

El lugar del Buenaondismo en todo esto

El Buenaondismo no publica este documento para reclamar autoridad científica. Lo publica porque una de sus funciones fundacionales es ser puente: entre la experiencia humana subjetiva y la disciplina científica formal, entre el saber ancestral y el mecanismo molecular, entre la pregunta espiritual y el marco crítico que impide que esa pregunta derive en fanatismo.

Este documento es parte de ese proyecto. Es una invitación al debate, no una declaración de verdad final. Está marcado como versión 1.0, es de acceso libre y está abierto a la crítica de cualquier persona con herramientas para hacerla. Porque eso es, precisamente, lo que distingue la curiosidad rigurosa del dogma de cualquier signo: la disposición a ser refutado.

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