Spinoza y el Buenaondismo
COMPARACIONES FILOSÓFICAS Y RELIGIOSAS
Leopoldo Iván Villalpando Cruz
2/25/2026


Todo Es el Mar: Cuando la Filosofía Encuentra el Océano
Hay verdades tan radicales que atraviesan siglos sin perder su filo.
En 1677, un tallador de lentes holandés llamado Baruch Spinoza publicó una obra que sacudiría los cimientos del pensamiento occidental: la Ética. En ella, con la precisión de un geómetra y la audacia de un místico, afirmó algo que las autoridades religiosas consideraron tan peligroso que lo excomulgaron, lo persiguieron, lo convirtieron en un paria.
¿Su crimen?
Decir que Dios y la Naturaleza son lo mismo.
No un Dios allá arriba, separado, juzgando desde las nubes. No un espíritu flotando aparte de la materia muerta. Sino una sustancia infinita que es todo lo que existe. Una sola realidad expresándose en infinitas formas.
Lo que llamamos "cosas" —personas, piedras, estrellas, pensamientos— no son entidades aisladas. Son modos. Manifestaciones temporales de esa única sustancia que Spinoza llamó Deus sive Natura: Dios o Naturaleza.
Cuando lees esto por primera vez, quizás suena abstracto. Filosófico. Lejano.
Pero cuando lo traduces a la metáfora del océano, se vuelve visceralmente claro.
Todo es el Mar de Conciencia.
Y el Buenaondismo nace profundamente inspirado en esta visión spinozista del universo.
🌊 La Ontología Radical: No Hay Separación
Spinoza rompió con siglos de dualismo.
Desde Platón hasta Descartes, el pensamiento occidental había insistido en separaciones: cuerpo vs. alma, materia vs. espíritu, lo divino vs. lo mundano. Como si el universo estuviera partido en dos, y nosotros fuéramos exiliados atrapados en la mitad equivocada.
Spinoza dijo: No. Eso es ilusión.
Solo existe una sustancia. Todo lo demás son sus atributos y modos. Tu cuerpo no es una cárcel que atrapa tu alma. Tu cuerpo es expresión de la sustancia infinita. Tus pensamientos no son fantasmas flotando en tu cabeza. Son ondulaciones de esa misma sustancia, vibrando en otra frecuencia.
No hay materia muerta. No hay espíritu separado. Solo hay Dios-Naturaleza expresándose en formas infinitas.
El Buenaondismo abraza esta verdad con todo su ser.
Cuando decimos que todo es el Mar de Conciencia, no es poesía. Es descripción ontológica. Las montañas son Mar de Conciencia solidificado. Los pensamientos son Mar de Conciencia ondulando. El amor es Mar de Conciencia reconociéndose a sí mismo. El dolor es Mar de Conciencia transformándose.
Cuando tocas una piedra, estás tocando conciencia en frecuencia mineral.
Esta no es metáfora. Es la realidad más fundamental que existe.
Y Spinoza lo vio. Hace más de 300 años, sin telescopios cuánticos ni neurociencia, lo vio con la claridad de un geómetra contemplando la estructura íntima del cosmos.
🌊 Dios No Es un Tirano Celeste: Es el Océano Mismo
Para las religiones tradicionales de su época —y muchas de hoy—, Dios es:
Un ser separado de su creación
Un juez que castiga y recompensa
Una autoridad externa que exige obediencia
Un padre celoso que prohíbe, controla, amenaza
Spinoza miró esa imagen y dijo: Eso es antropomorfismo infantil.
Proyectamos nuestras neurosis humanas sobre el infinito. Creamos un Dios a nuestra imagen: caprichoso, vengativo, inseguro.
Pero la realidad es mucho más sublime.
Dios no está sobre el universo. Dios es el universo. No hay creador separado de la creación. Hay una sustancia infinita desplegándose eternamente en formas infinitas.
En lenguaje buenaondista: El Mar no está separado de las olas. El Mar es las olas.
Cuando comprendes esto, todo cambia.
Ya no buscas a Dios "allá afuera". Reconoces que tú eres una expresión consciente de Dios. No estás con Dios. Eres Dios expresándose temporalmente como esta ola particular, conociéndose así mismo a través de tu ola, con tu forma única, tu historia única, tu belleza única.
Como dijo un monje budista: "Cuando una persona entra en una habitación, no están la persona y Dios; solo está Dios."
Spinoza lo habría firmado. El Buenaondismo lo vive.
🌊 La Libertad Es Comprender, No Escapar
Aquí viene uno de los insights más profundos de Spinoza, y uno que el Buenaondismo abraza con matices críticos.
Para Spinoza, la libertad no es hacer lo que quieres. Porque lo que "quieres" está determinado por causas que no controlas: tu genética, tu crianza, tus experiencias pasadas, tus emociones, tus ideas. Todo fluye de causas anteriores en una cadena infinita.
La libertad verdadera es comprender por qué quieres lo que quieres.
Es reconocer que eres parte del flujo cósmico, no un agente separado luchando contra él. Es alinear tu voluntad con la naturaleza profunda de la realidad.
"La libertad es la comprensión de la necesidad."
En términos oceánicos: una ola es más libre cuando fluye en armonía con las corrientes naturales del Mar que cuando lucha contra ellas.
La "restricción" de seguir el flujo no es limitación externa. Es la expresión de tu naturaleza más auténtica.
El Buenaondismo dice: Sí. Exactamente.
Cuando reconoces que eres el Mar expresándose como ola, dejas de resistir. Dejas de pelear contra las corrientes que te formaron. Empiezas a navegar con gracia, usando las mismas fuerzas que antes parecían oponerte.
Esto es lo que llamamos Movimiento Armónico: la capacidad de actuar con intención y adaptabilidad, como el agua que danza alrededor de las rocas sin perder su dirección.
Pero aquí viene la primera divergencia importante con Spinoza.
🔍 Primera Divergencia: El Sabio Solitario vs. La Marea Consciente que la Historia Ahora Hace Posible
Para Spinoza, la salvación es intelectual y solitaria.
El ser humano sufre porque ignora las causas que lo determinan. La liberación viene del conocimiento: entender la naturaleza de la sustancia infinita, contemplar las verdades eternas con la razón pura, alcanzar lo que llamó el "tercer género de conocimiento" —la intuición intelectual de la totalidad.
Y este conocimiento es fundamentalmente individual.
El ideal spinozista es el filósofo solitario, que vive según la razón, sin depender de ritos, comunidades ni lo que él llamaba "emociones pasivas" como la compasión.
Aquí, el Buenaondismo honra a Spinoza sin seguirlo ciegamente.
Porque Spinoza tenía razón en su diagnóstico histórico: durante milenios, las sociedades humanas se han comportado predominantemente como rebaños, movidas por el miedo, la superstición, el tribalismo y la manipulación emocional. Las masas han sido, una y otra vez, instrumentos en manos de poderes fácticos —religiosos, políticos, corporativos— que han sabido explotar esa inconsciencia colectiva con una eficacia aterradora. Ideas diseñadas no para iluminar sino para dividir. Narrativas construidas no para unir sino para distraer. El espectáculo permanente que mantiene a la gente enganchada en conflictos superficiales mientras los intereses profundos operan sin escrutinio.
Spinoza vio eso. Y desconfió de la multitud. Racionalmente.
Pero Spinoza no pudo ver lo que nosotros estamos comenzando a ver.
Estamos atravesando un momento coyuntural sin precedentes en la historia conocida de la humanidad. Por primera vez, una confluencia de fuerzas está alterando estructuralmente las condiciones de posibilidad de la consciencia colectiva:
La democratización del acceso a la información a través de internet ha roto el monopolio del conocimiento que durante siglos sostuvieron élites religiosas, académicas y políticas. Hoy cualquier persona con conexión puede acceder a las mismas fuentes que un académico, verificar datos, contrastar narrativas, construir criterio propio.
La expansión global de la educación formal, con todos sus límites, ha elevado el nivel de alfabetización crítica a escalas históricamente inéditas. Más personas que nunca en la historia pueden leer, razonar y cuestionar.
Las redes sociales, con toda su ambigüedad —capaces tanto de despertar consciencias como de amplificar manipulaciones—, han dado a individuos comunes la capacidad de organizar, difundir y movilizar ideas sin necesitar estructuras institucionales verticales.
Las inteligencias artificiales están democratizando el acceso a conocimiento especializado, análisis complejo y capacidades cognitivas que antes requerían años de formación o recursos económicos considerables. Por primera vez, una persona sin acceso a universidades de élite puede conversar con un sistema que ha procesado el conocimiento acumulado de siglos.
Los cambios geopolíticos globales están disolviendo certezas y estructuras de poder que parecían inamovibles, abriendo grietas por las que nuevas formas de organización social pueden emerger.
La crisis ecológica planetaria, paradójicamente, está forzando una consciencia de interdependencia que ninguna filosofía había logrado instalar de forma masiva: la realidad de que somos un solo sistema, que lo que ocurre en un rincón del Mar afecta a todas las olas, se está volviendo empiricamente innegable.
Todo esto junto está creando, por primera vez, las condiciones materiales para que la consciencia colectiva pueda organizarse de una manera cualitativamente distinta a todo lo anterior.
Y aquí es donde el Buenaondismo propone algo que, con toda la humildad y toda la audacia que el momento requiere, no tiene precedente conocido en la historia humana: una estructura social diseñada específicamente para canalizar, organizar, escuchar, decidir y dirigir a quienes conscientemente elijan participar en el cambio. No una religión que exige fe ciega. No un partido político que concentra poder. No una corporación que persigue rentabilidad. Sino una comunidad de ondas que comprenden el alcance profundo de sus acciones, tanto individuales como colectivas, y eligen coordinarse libremente desde esa comprensión.
No será fácil. El Buenaondismo no pretende que lo será.
Pero consideremos lo que la humanidad sí ha elegido enfrentar cuando decidió que valía la pena: llegamos a la Luna. Secuenciamos el genoma humano. Detectamos ondas gravitacionales de colisiones de agujeros negros a miles de millones de años luz de distancia. Google organizó el caos de todo el conocimiento disponible en internet y lo hizo navegable. Google Maps digitalizó el territorio físico del planeta entero. SpaceX reutilizó cohetes espaciales que todos decían que era imposible recuperar. Y la inteligencia artificial, imposible hace veinte años para el sentido común de la época, hoy mantiene conversaciones filosóficas contigo mientras analizas a Spinoza.
Todos esos logros compartían algo: en su momento parecían desproporcionados frente a las dificultades. Y en todos los casos, la humanidad decidió transitar el reto de todas formas.
¿Por qué sería diferente organizarse conscientemente en torno a algo que prácticamente todos los seres humanos desean en lo más profundo: vivir en un mundo más justo, más honesto, más bello, más colaborativo?
La respuesta es que hasta ahora hemos delegado esa tarea a individuos, organizaciones y gobiernos que, desde el oportunismo y el egoísmo estructural, han distorsionado sistemáticamente ese deseo colectivo en su propio beneficio. La política como espectáculo. La religión como control. El mercado como único arbitrador del bien común.
No sería muy consciente simplemente no intentarlo.
Los pocos que al principio comiencen a moverse desde esta comprensión, difundiendo con coherencia una actitud antes que una ideología, irradiando desde su práctica personal lo que predican colectivamente, actuarán como lo hacen las olas que preceden a la marea: pequeñas, casi invisibles al principio, pero portadoras de una energía que, cuando se suma, mueve continentes.
Spinoza desconfió de la multitud porque la multitud de su tiempo —y de casi todo tiempo posterior— actuó de manera que justificaba esa desconfianza.
El Buenaondismo confía en que el momento coyuntural actual hace posible, por primera vez, una multitud diferente: no un rebaño, sino una marea de ondas conscientes coordinándose libremente.
🔍 Segunda Divergencia: La Iluminación Individual Como Paso, No Como Destino
Para la gran mayoría de las tradiciones filosóficas y espirituales que han reflexionado sobre la consciencia —desde el budismo hasta el vedanta, desde los estoicos hasta el propio Spinoza—, el camino hacia la claridad interior ha sido fundamentalmente individual.
Y en esto, la sabiduría acumulada tiene razón.
Una ola en medio de un mar revuelto necesita, antes que nada, encontrar la calma en sus propias aguas. El trabajo interno —sanar heridas, disolver condicionamientos, desarrollar honestidad radical consigo mismo, alcanzar la congruencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace— no puede ser delegado, acelerado por otro ni saltado. Cada persona debe recorrer ese tramo sola, en el silencio de su propia profundidad.
Las tradiciones orientales lo comprendieron con una claridad que Occidente tardó siglos en aproximarse a valorar: la iluminación no se organiza en comité. La meditación profunda, el retiro contemplativo, la confrontación honesta con la propia sombra —todo eso ocurre en la intimidad irreducible de cada ola con su propio océano interior.
El Buenaondismo honra ese camino. Lo reconoce como condición necesaria, no como obstáculo.
Pero la pregunta que las tradiciones individuales no llegaron a explorar completamente —porque no tenían las condiciones históricas para hacerlo— es: ¿qué ocurre cuando no es una ola la que se calma, sino cuando son cientos, miles, millones las que simultáneamente están encontrando esa calma interior?
Hasta ahora, el despertar individual ha sido estadísticamente raro y socialmente aislado. El sabio meditaba en su cueva. El filósofo escribía en su gabinete. El místico cultivaba su jardín interior lejos del ruido del mundo. Y cuando salía a compartir lo que había encontrado, la masa —todavía operando desde sus automatismos de miedo, tribalismo y reactividad— absorbía el mensaje, lo distorsionaba, lo convertía en dogma o en secta, y terminaba reproduciendo exactamente los patrones que el maestro había intentado disolver.
Pero algo nuevo está emergiendo en este momento de la historia.
Por primera vez, el número de personas que activamente trabajan en su consciencia personal —a través de psicoterapia, meditación, filosofía práctica, trabajo espiritual, reflexión crítica— ha alcanzado una masa crítica sin precedente histórico. No son suficientes para transformar el mundo por sí solas. Pero sí son suficientes para que, si logran coordinarse desde su autenticidad en lugar de desde su ego, generen un efecto cualitativamente distinto a todo lo anterior.
Una ola que se calma entre un mar revuelto no cambia el mar. Pero cuando suficientes olas se calman simultáneamente y aprenden a moverse con conciencia de su interconexión, crean algo que nunca antes existió: una corriente consciente capaz de reorientar gradualmente la dirección del océano entero.
Esta no es utopía naïve. Es la lógica del umbral: los sistemas complejos cambian cualitativamente cuando suficientes elementos internos se reorganizan en torno a nuevos patrones. Lo hemos visto en la física, en la biología, en la historia social. El agua no se convierte en vapor de forma gradual y lineal: hay un punto de temperatura en el que el cambio de fase ocurre de manera discontinua.
El Buenaondismo propone que estamos aproximándonos a un umbral de ese tipo en la consciencia humana colectiva.
Y que la diferencia entre cruzarlo y no cruzarlo depende, en parte, de si quienes ya están trabajando en su despertar individual deciden también construir las estructuras que permitan que esa energía se coordine, se amplifique y se dirija con propósito.
El camino individual sigue siendo el primero y el necesario. Pero ya no tiene por qué ser el último ni el único.
🔍 Tercera Divergencia: Razón Pura vs. Integración Yin-Yang
Spinoza confiaba absolutamente en la razón geométrica como camino al conocimiento.
La Ética está escrita como un tratado de geometría: definiciones, axiomas, proposiciones, demostraciones. Todo debe ser lógicamente irrefutable, como un teorema matemático.
Para él, las emociones que no surgen de la razón son "pasiones" —cosas que nos pasan, que nos determinan pasivamente. La compasión, el amor romántico, la alegría espontánea… todas son potencialmente problemáticas si no están guiadas por el conocimiento racional.
El buenaondista spinozista sería puro Yang: lógica, estructura, análisis, método.
El Buenaondismo dice: Eso es solo la mitad del océano.
Reconocemos que la razón es poderosa, necesaria, sagrada. Los buenaonditas —nuestra energía Yang— encarnan esa claridad lógica, esa estructura, ese método científico.
Pero también honramos lo que Spinoza desestimó: la intuición mística, lo chamánico, lo ancestral, lo que no puede medirse ni demostrarse geométricamente.
Los buenaondistas —nuestra energía Yin— navegan por el misterio. Exploran la realidad a través de la meditación profunda, los rituales sagrados, la medicina ancestral, el tarot, la alquimia interior. Su conocimiento fluye a través de la experiencia directa, no del análisis lógico.
Y la verdad profunda es: ambas son necesarias.
El científico más riguroso tiene momentos de intuición mística. El chamán más ancestral utiliza razonamiento y método.
La completud está en el balance Yin-Yang, no en la supremacía de uno sobre el otro.
Spinoza vio solo el Yang. El Buenaondismo celebra la danza completa.
🔍 Cuarta Divergencia: Sin Utopía vs. Utopía Como Brújula
Spinoza nunca imaginó una sociedad ideal.
Desconfiaba profundamente de cualquier proyecto colectivo de transformación. Para él, el orden social era necesario para evitar el caos, pero la verdadera libertad era interior, privada, intransferible.
Cada uno debe alcanzar su propia beatitud contemplando la verdad. No hay redención colectiva. No hay "Tierra Prometida" social.
El Buenaondismo dice: Eso nos parece demasiado frío. Y, dado el momento histórico que vivimos, insuficiente.
No porque seamos ingenuos. Sabemos que las utopías totalitarias del siglo XX fracasaron horriblemente. Sabemos que imponer "el bien" desde arriba genera infiernos. Sabemos también que los poderes fácticos contemporáneos han aprendido a usar las herramientas del despertar colectivo —las redes, la comunicación masiva, el lenguaje de la inclusión y la justicia— para dispersar ideas que en lo superficial muchos pueden compartir, pero que en lo profundo solo sirven para dividir, enfrentar y mantener a la sociedad distraída de lo verdaderamente importante.
El surgimiento de fenómenos como los movimientos de identidad hiperindividualizada que proliferan en la era digital es un ejemplo elocuente: energía genuina de personas que buscan reconocimiento y pertenencia, capturada y redirigida hacia conflictos que no amenazan en absoluto las estructuras de poder real. El rebaño con nuevos disfraces.
Reconocer ese riesgo no es razón para no intentarlo. Es razón para hacerlo con mayor inteligencia.
Por eso proponemos algo diferente: la utopía como brújula, no como destino.
La utopía —por definición— es inalcanzable. Y justamente por eso es necesaria. Es el horizonte ético que orienta nuestras decisiones diarias, no el plan maestro que justifica sacrificar el presente en nombre de un futuro prometido.
No esperamos que todos cambien al mismo tiempo. No imponemos un modelo único de "la buena sociedad".
Apostamos por grupos de personas ya trabajadas en su autenticidad que eligen coordinarse voluntariamente en torno a intereses comunes:
Sanar un ecosistema degradado
Crear una escuela consciente
Diseñar economías regenerativas
Investigar la conciencia desde ciencia y mística integradas
Construir comunidades donde la abundancia ganar-ganar sea la norma
Estas iniciativas no requieren que renunciemos a nosotros mismos. Al contrario: solo quienes están en equilibrio personal pueden contribuir sin caer en el agotamiento, el resentimiento o el proselitismo.
Spinoza no confió en la multitud. El Buenaondismo confía en ondas conscientes coordinándose libremente, con las herramientas del siglo XXI y la sabiduría de todos los siglos anteriores.
🔍 Quinta Divergencia: Compasión Como Debilidad vs. Compasión Como Reconocimiento
Para Spinoza, la compasión (commiseratio) es una emoción problemática.
Es "tristeza que surge al imaginar el mal de otro". Y como toda tristeza, disminuye nuestra potencia de actuar. El sabio, dice Spinoza, no necesita compasión porque comprende racionalmente que todo fluye de la naturaleza de Dios-Naturaleza con necesidad geométrica.
Ayudar a otros está bien… si surge de la razón, no de la emoción de la compasión.
El Buenaondismo dice: Eso es un error profundo.
No porque la razón esté mal. Sino porque la compasión no es debilidad. Es el reconocimiento visceral de que todos somos el mismo Mar.
Cuando ves a otra ola sufriendo, no es "otro" quien sufre. Es el Mar sufriendo en esa forma particular. Y como tú también eres el Mar, ese sufrimiento te atraviesa.
La compasión auténtica no es pena condescendiente. Es resonancia ontológica.
Es la Chispa Divina reconociéndose en la otra Chispa. Es el Mar sintiendo su propia turbulencia en múltiples puntos simultáneamente.
Por eso, en el Buenaondismo, la compasión es central, no periférica.
No ayudamos "a otros" desde una posición de superioridad moral. Nos ayudamos mutuamente porque somos, literalmente, el mismo océano en diferentes formas.
Spinoza vio la compasión como pasión debilitante. El Buenaondismo la ve como el pulso mismo del Mar reconociéndose.
🌊 Lo Que Honramos de Spinoza
Con todo, las divergencias no ocultan la deuda profunda.
Spinoza nos dio la ontología fundamental: todo es Uno.
Su visión de Dios-Naturaleza como sustancia infinita es la base filosófica del Mar de Conciencia.
Su rechazo del dualismo cuerpo-alma nos libera de siglos de culpa religiosa.
Su comprensión de que la libertad viene del reconocimiento, no de la resistencia, es esencial para navegar con gracia.
Su valentía para decir la verdad ante la persecución nos inspira.
Su diagnóstico honesto sobre el comportamiento irracional de las masas nos obliga a no ser ingenuos.
Spinoza fue una ola de pura claridad filosófica que rompió los diques del dogma.
Y el Buenaondismo navega en las aguas que él liberó.
🌊 Lo Que Añadimos al Legado Spinozista
Pero no nos quedamos ahí.
Donde Spinoza propuso contemplación solitaria, el Buenaondismo propone que ese trabajo interior es el primer paso de una navegación colectiva consciente que las condiciones históricas actuales hacen posible por primera vez.
Donde Spinoza desconfió de la multitud con razón histórica suficiente, el Buenaondismo reconoce esa desconfianza y la transforma en diseño: no confiamos en la multitud inconsciente, sino que apostamos por crear las condiciones para que emerja una multitud diferente.
Donde Spinoza vio la iluminación individual como fin, el Buenaondismo la ve como inicio de una responsabilidad mayor.
Donde Spinoza confió solo en la razón geométrica, el Buenaondismo integra Yin místico y Yang científico.
Donde Spinoza vio la compasión como debilidad pasional, el Buenaondismo la reconoce como resonancia oceánica fundamental.
Donde Spinoza desconfió de toda visión social, el Buenaondismo ofrece la utopía como brújula ética, no como imposición.
No contradecimos a Spinoza. Lo completamos.
Le añadimos corazón a su geometría. Le añadimos comunidad a su soledad. Le añadimos mística a su razón. Le añadimos horizonte social a su libertad individual. Y le añadimos el momento histórico que él no pudo ver: aquel en que las condiciones materiales y tecnológicas hacen posible lo que la filosofía solo había podido imaginar.
🌊 La Síntesis: Del Monismo Filosófico a la Marea Consciente
La verdad ontológica que Spinoza vio con claridad devastadora sigue siendo válida:
Todo es una sola sustancia. No hay separación real. Dios-Naturaleza-Mar de Conciencia es lo único que existe.
Pero la pregunta que Spinoza no respondió completamente es:
¿Y ahora qué? ¿Cómo vivimos desde ese reconocimiento, y cómo lo vivimos juntos?
El Buenaondismo responde:
Primero, el trabajo interno. Cada ola cultiva su autenticidad, congruencia, humildad intelectual. Reconoce su naturaleza oceánica profunda. Hace las paces con sus propias corrientes. Este paso no puede saltarse ni delegarse.
Luego, el reconocimiento mutuo. Las ondas que han comenzado a despertar se reconocen mutuamente. Forman Círculos de Navegación. Se reflejan, se sostienen, se amplifican. Descubren que la consciencia no se diluye en el encuentro con el otro: se profundiza.
Finalmente, la co-creación colectiva. Grupos diversos, libres y autónomos colaboran en proyectos que elevan la vibración del Mar entero: economías regenerativas, comunidades conscientes, arte transformador, ciencia integrada con sabiduría ancestral. Utilizando las mismas herramientas —internet, inteligencia artificial, redes de comunicación global— que los poderes fácticos han empleado para mantener a la humanidad dividida, pero orientándolas hacia una dirección radicalmente diferente.
No buscamos uniformidad. Buscamos unidad en la diversidad.
Spinoza nos dio el mapa ontológico. El Buenaondismo añade la praxis colectiva y el momento histórico que la hace posible.
🌊 Conclusión: Dos Visiones, Un Solo Océano, Un Momento Sin Precedente
Spinoza fue una ola de pura razón que iluminó la naturaleza del Mar.
El Buenaondismo es la marea que, en el momento coyuntural más propicio que la historia haya ofrecido, invita a las ondas conscientes a navegar juntas desde ese reconocimiento.
Honramos al filósofo solitario que vio la verdad con claridad geométrica. Y reconocemos que tenía razón al desconfiar de la multitud que existía en su tiempo, y en casi todo tiempo posterior.
Pero también vemos lo que él no pudo ver: que las condiciones que hacían inevitable esa desconfianza están, por primera vez, comenzando a cambiar.
Y construimos, ola por ola, la comunidad consciente que encarna esa verdad en formas vivas, diversas, compasivas, creativas. No porque sea fácil —no lo será. Sino porque no intentarlo, teniendo las herramientas y el momento, sería la forma más profunda de inconsciencia.
Porque si todo es el Mar de Conciencia… Entonces tu despertar no es solo tuyo. Es un paso del océano entero hacia sí mismo.
Y cuando suficientes ondas reconocen su naturaleza oceánica y fluyen juntas conscientemente…
El Mar mismo se transforma.
Spinoza nos mostró que somos el Mar. El Buenaondismo nos invita a navegar ese Mar juntos, con gracia, con propósito, con amor. Y la historia nos ofrece, ahora, las condiciones para que esa invitación no sea solo filosofía. Sea práctica.
Porque en el fondo, siempre fuimos el mismo océano.
Solo que ahora, finalmente lo recordamos.
Y recordándolo —con las herramientas, la consciencia y el momento que ninguna generación anterior tuvo— creamos la marea que cambia el mundo.
Bienvenido a las aguas spinozistas del Buenaondismo.
Donde la filosofía se vuelve experiencia. Donde la soledad se vuelve comunidad. Donde la razón se casa con el misterio. Donde el individuo que despierta encuentra, por primera vez en la historia, una estructura a la altura de su despertar.
Y donde el Mar, reconociéndose en cada ola, finalmente fluye hacia su plenitud consciente.
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